Durante casi tres siglos, quien llegaba de España a gobernar la Nueva España pasaba por Otumba antes de entrar a la capital. Aquí, en muchos casos, el virrey que se iba le entregaba el bastón de mando al que llegaba. Esa historia todavía se puede recorrer a pie en la cabecera.
Todo lo que entraba y salía por el puerto de Veracruz tenía que subir al altiplano. En el siglo XVI se trazaron varios caminos entre México y el puerto, y uno de ellos, el camino "carretero", salía por la ermita de Guadalupe y Ecatepec, y seguía hacia el noreste por Teotihuacan, Otumba y Apan, rumbo a Perote y Xalapa.
Por esa ruta iban mercancías, correos, pasajeros y funcionarios. Otumba quedaba cerca de la capital: en 1746, un virrey recibió aquí el bastón de mando y dos días después ya estaba entrando a México. Era un buen sitio para descansar, cambiar animales y seguir.
De ese ir y venir también viene el cariño por el burro: Otumba fue punto de relevo de burros en la ruta comercial Veracruz–Ciudad de México, y de ahí nace la Feria Nacional del Burro. A mediados del siglo XVI, fray Toribio de Motolinía escribió que unas cien recuas andaban de ordinario entre Veracruz y la capital abasteciéndola, repartidas en los distintos caminos. Cuántas pasaban por Otumba en particular, nadie lo contó.
La llegada de un virrey era una especie de peregrinación ceremonial. Desde que desembarcaba en Veracruz, los ayuntamientos de cada pueblo, españoles e indígenas, lo recibían con arcos triunfales y festejos. La última parada era el santuario de Guadalupe, donde lo esperaban la Audiencia y el Ayuntamiento de México.
Otumba era la parada anterior. Según la historiografía sobre las virreinas novohispanas, en Otumba el virrey saliente recibía al recién llegado y le entregaba el bastón de mando, la vara que simbolizaba el gobierno. A veces las dos virreinas también estaban presentes.
Hay casos documentados:
1603: Juan de Mendoza y Luna, marqués de Montesclaros, tomó posesión del bastón de mando en la Casa de los Virreyes, según la Secretaría de Cultura y Turismo del Estado de México.
1746: el conde de Revillagigedo recibió el bastón de su predecesor en Otumba y días después entró a México.
8 de noviembre de 1755: el mismo Revillagigedo, ya de salida, se encontró en Otumba con su sucesor, el marqués de las Amarillas. Una crónica de la época cuenta que hubo un gran banquete al que asistieron las dos virreinas.
No siempre fue aquí. Hubo épocas en que Ecatepec, más cerca de la capital, también fue parada obligada del virrey. ¿Cuántos virreyes recibieron el mando en Otumba? No encontramos un conteo confiable; las fuentes hablan de una costumbre de "casi 300 años", pero ni el número exacto ni el primer caso aparecen en ellas.
El virrey viajaba con un séquito que podía rebasar el medio centenar de personas. En Otumba pernoctaban en una casa real que hoy conocemos como la Casa de los Virreyes. En la región también había haciendas que los alojaban: la hacienda pulquera de San Bartolomé de los Tepetates, a unos 20 kilómetros al este de Otumba, era conocida como "de los virreyes".
La casa es de la primera mitad del siglo XVI. Durante casi 300 años sirvió para que durmieran virreyes y visitantes distinguidos llegados de Europa. Hoy alberga un museo del Virreinato.
Está en la calle Torres Adalid 12, en el centro. El portal turístico del estado reporta una entrada de $16; confirma precio y horario antes de ir.
Frente al quiosco está el ex convento franciscano de la Purísima Concepción, del siglo XVI, levantado sobre una antigua plataforma prehispánica. Fíjate en la portada plateresca: un arco enmarcado por columnas delgadas con guías de hojas y flores, rodeado por un alfiz en forma de cordón franciscano. El mismo cordón se repite en la ventana del coro.
A un costado está la portería, que en otro tiempo fue la capilla abierta. En el claustro quedan restos de pintura mural.
Otumba no tenía agua suficiente. Fray Francisco de Tembleque, franciscano, dirigió la obra de un acueducto que traía agua desde manantiales cerca del cerro del Tecajete, en el actual municipio de Zempoala, Hidalgo.
Se construyó a mediados del siglo XVI: el INAH lo fecha entre 1555 y 1572, unos 17 años de obra, aunque otras fuentes adelantan el inicio a 1553 o 1554. Participaron el maestro cantero Juan Correa de Agüero y alrededor de 40 pueblos indígenas. En los arcos todavía se ven glifos y marcas que parecen ser emblemas de esos pueblos. El recorrido completo mide unos 48 kilómetros según el INAH, casi todo bajo tierra; otras fuentes hablan de unos 45. Su arquería principal pasa un poco de los 39 metros de altura.
El 5 de julio de 2015, en su sesión de Bonn, el Comité del Patrimonio Mundial de la UNESCO lo inscribió como "Acueducto del Padre Tembleque: Sistema Hidráulico".
El agua terminaba aquí, en Otumba, en un aljibe del centro.
Otumba no fue un pueblo de paso cualquiera. Fue el punto donde se cerraba un gobierno y empezaba otro, y el destino final de la obra hidráulica más importante del siglo XVI en la región. Todo eso cabe en unas cuantas cuadras.
Casa de los Virreyes: museo del Virreinato, Torres Adalid 12.
Ex convento y Parroquia de la Purísima Concepción: frente al quiosco.
Aljibe terminal del Acueducto del Padre Tembleque: en el centro.
La arquería del acueducto: sobre la barranca del Papalote, cerca de Tepeyahualco, ya en Hidalgo. Pregunta por el acceso y el camino antes de salir.
Si vas a hacer el recorrido completo, revisa antes cómo planear tu visita. Para el resto de la historia de Otumba, vuelve a Conoce Otumba.
Fuentes: Secretaría de Cultura y Turismo del Estado de México (Experiencia Edomex); INAH, Patrimonio Mundial en México; Estudios de Historia Novohispana (UNAM); Temas Americanistas (Universidad de Sevilla); América Latina en la Historia Económica; Arqueología Mexicana; Secretaría de Relaciones Exteriores; El Universal; La Crónica de Hoy; Wikipedia.